

CAPÍTULO II
Después de la batalla con Poseidón, Ulises tenia hambre y se sentó a comer en un restaurante donde se encontró con Menéalo.
-Hola soy Menéalo rey de Esparta.
-Hola yo soy Ulises.
-¿Qué te ha pasado? ¿Tienes muchas heridas?
-Si, es que he tenido una lucha con Poseidón.
-Ven eso te lo tiene que ver un medico.
-No, no importa se me curaran solas.
-Vale como tú quieras. No se si te he dicho que necesito un buen arquitecto para volver a vencer a los troyanos.
-Yo te puedo ayudar.
-De acuerdo te vendrás conmigo a Esparta para hacer una estructura y ganar la guerra.
Menéalo y Ulises zarparon hacia Esparta y en el trayecto Ulises preguntó a Menéalo:
-Menéalo, ¿Por qué habéis entrado en guerra con Troya?
-Porque Paris hijo de Príamo, cuando yo estaba en creta para asistir a funeral de mi suegro coitreo, raptaron a Helena mi esposa.
-Y, ¿vamos a ir solos?
-No, he convencido a todos los jefes que han prestado juramento: Tindarero, a mi hermano, a Néstor, a Polamides y a ti.
Fue un largo viaje pero al fin llegaron a Esparta donde estaban preparando la inminente guerra, tenían preparadas unas sesenta naves, Menéalo no fue el jefe supremo, este honor recayó sobre su hermano Agamenón. Menéalo era tímido, menos amigo de honores que Agamenon, aun siendo un valiente guerrero capaz de resistir los mas duros combates, quedo siempre en un segundo plano. También era menos violento que algunos héroes reunidos contra Troya y sus enemigos se complacen en reírse de él.
Al día siguiente del viaje, Menéalo manda a Diomides y a Ulises a buscar a Aquiles, lo encontraron en el harén del rey Nicomedes en esciros. Después Menéalo y Ulises se trasladaron a Delfos para consultar al oráculo acerca de emprender una expedición contra Troya.
Menéalo y Ulises fueron a Troya con sesenta naves y todos los jefes. En el viaje Ulises pregunto a Menéalo:
-Menéalo. Ya que nos hemos conocido ¿podrías contarme un poco de tu vida?
-Vale, yo era junto con mi hermano, hijo del rey Micenas y pertenezco a la raza de Pélope, mi madre fue la cretense Aerope, hija de catreo llevada a micenas por Nauplio después de haberse entregado a un esclavo.
En mi juventud mi hermano y yo fuimos enviados por atreo en busca de Tiestres. Lo encontramos en delfos y lo condujimos a micenas. Atreo lo encarcelo y quiso hacerle matar por Egisto, pero este reconoció a su padre y dio muerte a atreo. Entonces mi hermano y yo tuvimos que abandonar micenas, de donde nos expulso Egisto, y nos refugiamos en esparta junto a tindoireo. Allí nos casamos con sus hijas, yo con Helena y Agamenon con Clitemestra.
Durante varios años Helena y yo vivimos tranquilos en Esparta entre riquezas y una corte hospitalaria hasta que llego Paris.
Llegaron a Troya, inmediatamente después del desembarco de los griegos, Menéalo y Ulises entraron como embajadores en Troya para reclamar a Helena y los tesoros que Paris había robado. Paris, tratando de resolverlo de forma pacifica soborno a su amigo atimaco para excitar al pueblo y matar a menéalo.
Ya en esparta Ulises se puso a construir un caballo de madera donde iban a ir los guerreros que harían creer a los troyanos que era un regalo de los dioses y así entrar en la ciudad y saquearla.
A la mañana siguiente Menéalo, Ulises, Aquiles y otros guerreros entraron en el caballo de madera, los demás griegos escondieron las naves y los troyanos al no ver nada metieron el enorme caballo dentro de la ciudad. Por la noche al estar dormidos saquearon la ciudad. Al morir Paris Helena se había casado con difobo, y menélao fue a su casa y lo mato para llevarse a Helena.
Después de la guerra Menéalo en su camino a esparta hizo escala en tendeos, lesbos y eubea donde murió su piloto, retrocedió a dedicarle unas obras fúnebres. Cuando reanudo el viaje una fuerte tempestad lo arrastro hacia Creta, luego siguió desde Egipto donde paso 5 años acumulando riquezas hasta que volvió a esparta 8 años después de haber salido de Troya, por tanto 18 después de empezar la guerra. En esparta Menéalo y Helena tuvieron una hija llamada hermione.
Ulises llego a atenas después de vivir muchas aventuras con su amigo menéalo.
(DIEGO, NÉSTOR Y MARCOS)
CAPÍTULO III
Ulises se bronceaba en la cubierta del barco que lo llevaba a La Valeta, la capital de Malta. Aburrido con la situación se dio una vuelta por la cubierta. Al poco se topó con un grupo de estudiantes suecas que también se dirigían al mismo destino. Ulises estuvo charlando con ellas, en el espacioso bar del buque, hasta bien entrada la noche. Había algo raro en ellas, algo que le resultaba familiar, las asociaba a unas sirenas, como a las que en otro tiempo y en otras circunstancias conoció, debiendo resistirse a sus llamadas.
A la mañana siguiente, mientras se daba una ducha caliente seguía pensando en lo ocurrido durante la madrugada y en su inacabado viaje hacía su añorada tierra. Una vez duchado, se sentó junto a ojo de buey del camarote volviendo a sus viejos recuerdos. El sonido del timbre, pues se estaba durmiendo soñando con su anhelada Ítaca y su querida esposa Penélope y su hijo, Telémaco le bajo de sus pensamientos a la realidad.
Todavía con la toalla de baño anudada a la cintura abrió la puerta, descubriendo al grupo de estudiantes en biquini y que querían que les acompañase a la piscina. En un momento estoy con vosotras, dijo Ulises entusiasmado. Terminó de arreglarse. Se puso su bañador, cogió su toalla y chanclas y se dirigió hacía la zona del barco donde se hallaba una piscina de agua dulce.
Allí estaban las estudiantes. Toda la mañana se estuvieron dando continuos baños y tomando varios refrescos. Sobre las dos de la tarde salieron rumbo al comedor, donde saborearon una estupenda comida en el buffet libre del barco.
La tarde la pasaron también en la piscina. Llegada la noche y una vez cenado, charlaron de forma animada hasta pasadas las 3 de la mañana. Ulises, Las acompañó a sus camarotes pasando por delante de un espejo que había en el inicio de corredor exterior del barco que conducía a las escaleras. Sorprendentemente no observó reflejadas las siluetas y caras de tan bellas jóvenes, sino una mezcla de rostros totalmente envejecidos y unas colas de grandes arenques, tremendamente desagradables. Nuestro amigo Ulises, pensó que el alcohol se le había subido a la cabeza. En ese momento, unas gotas de agua de mar, debido a una pequeña marejadilla, salpicaron la mano de una de ellas, surgiéndole unas escamas en dicha zona. La mujer se tapó rápidamente la mano con la otra, pero Ulises se dio cuenta y se le notó demasiado. ¿ que te pasa, Ulises?, preguntaron las jóvenes, que no lo eran tanto, ni mucho menos. Nada, me ha parecido ver una luz a lo lejos.¡ Mirad ¡, dijo, señalando hacía el agua. Cuando se asomaron, las empujó de forma violenta, cayendo por la borda. Efectivamente, una vez en contacto con las aguas se transformaron horribles monstruos marinos. Estos deformes seres gritaban pidiendo auxilio a Ulises con voces lastimeras y extraños cánticos que le atraían cada vez mas hacia la idea de saltar en rescate de estos seres. De forma rápida se bajó hacía el camarote que tenía dos pisos mas abajo y una vez en el mismo se introdujo los auriculares de un reproductor de música con el volumen alto para no sentir los cánticos de los seres que observaba desde su ventanilla. Una vez mas sus caminos se habían cruzado, aunque esta última había sido mas de tres mil años después, observando los cambios que tantos cientos de años habían producido en sus antaño bellos rostros y cuerpos. Ulises no se quitó los auriculares hasta llegar, bien avanzado el día, hasta la ciudad de La Valeta. Todavía con la resaca dentro del cuerpo, no dejaba de pensar en cuales serían las intenciones de sus viejas conocidas de viaje, las antiguas sirenas, hoy convertidas en seres que el paso del tiempo no había respetado.
(VÍCTOR Y RUBÉN)

No hay comentarios:
Publicar un comentario